Lectura
Silvano 9
1Después de reunir a los Doce, solo a ellos les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades.
2Los envió a proclamar el Maljut de Yahweh Elohé y a sanar a los enfermos.
3Y les dijo: No lleven nada para el camino, ni bastón, ni bolsa, ni pan, ni dinero; ni tengan dos túnicas.
4En cualquier casa en que entren, alójense allí hasta que se vayan del lugar.
5Y dondequiera que no los reciban, al salir de aquella ciudad, sacudan el polvo de sus pies como testimonio contra ellos.
6Ellos salieron y pasaban de aldea en aldea, anunciando la Besorá y sanando por todas partes.
7El tetrarca Horedós oyó de todo lo que estaba pasando; y estaba perplejo, porque algunos decían que había resucitado de los muertos.
8Otros decían que EliYah había aparecido, y otros que alguno de los antiguos profetas había resucitado.
9Pero Horedós dijo: A Yohanán yo lo decapité. ¿Quién, será éste de quien escucho tales cosas? Y procuraba verlo.
10Cuando los Doce Shalujim regresaron, le contaron a Yahshua todo lo que habían hecho. Y él los llevó consigo y se retiró aparte a la ciudad llamada Bet-Tsaidah.
11Pero al saberlo las multitudes, lo siguieron; y él los recibió y les hablaba del Maljut de Yahweh Elohé y sanaba a los que tenían necesidad de sanación.
12El día comenzó a declinar, y los Doce se le acercaron y le dijeron: Despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los campos de alrededor, y se alojen y hallen comida, porque aquí estamos en un lugar desierto.
13Él les dijo: Denles ustedes de comer. Pero ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros y compremos comida para todo este pueblo.
14Porque eran como cinco mil hombres. Entonces les dijo a sus talmidím: Hagan que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno.
15Y así lo hicieron, haciendo que todos se sentaran.
16Entonces Yahshua tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al Shamaj, los bendijo. Luego los partió e iba dándoles a sus talmidím para que los pusieran delante de la gente.
17Todos comieron y se saciaron, y de lo que sobró recogieron doce canastas de pedazos.
18En otra ocasión estaba Yahshua haciendo tefilat aparte, sus talmidím estaban con él, y les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo?
19Ellos respondieron: Unos, que Yohanán el Inmersor; otros, que EliYah; y otros, que alguno de los antiguos profetas ha resucitado.
20Entonces les dijo: Y ustedes, ¿quién dicen que soy? Entonces Kefá respondió y dijo: Tu eres el Ben de Yahweh Elohé, El Mashíaj esperado.
21Pero él les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie.
22Y les dijo: Es necesario que el Ben HaAdán pase muchos sufrimientos, y que lo rechacen los Ancianos, los principales Kohanim y los Escribas, y que lo maten y que resucite al tercer día.
23Les decía entonces a todos: Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su madero cada día y sígame.
24Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la salvará.
25Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y se destruye o se pierde a sí mismo?
26Pues el que se avergüence de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Ben HaAdán cuando venga en su Tiferet y la Tiferet del Abba y en la de los KadoshÍm Malajím.
27Y les digo, en verdad, que hay algunos de vosotros que estáis aquí presentes que no moriréis hasta que hayan visto el Maljut de Yahweh Elohé. Los que vieron el Maljut de Yahweh
28En efecto, y así ocurrió como ocho días después de estas palabras, él llevó consigo a Kefá, a Yohanán y a Yaakov, y subió al monte para hacer tefilat.
29Y mientras hacía tefilat Yahshua, la apariencia de su rostro se transformó, y sus vestiduras se pusieron blancas y resplandecientes.
30Y vieron como en una visión, a dos hombres que hablaban con Yahshua. Eran Moshé y EliYah,
31que aparecieron en gloria y hablaban de la partida de Yahshua, que se iba a verificar en Yahrushalaim.
32Kefá y sus compañeros estaban cargados de sueño; pero se mantuvieron vigilando y vieron su Tiferet y a los dos hombres que estaban con él.
33En el momento en que estos dos hombres se alejaban de él, Kefá le dijo a Yahshua, sin saber lo que decía: Rabí, es bueno que nos quedemos aquí. Así que levantemos tres enramadas: una para ti, otra para Moshé y otra para EliYah.
34Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y les envolvió. Y ellos, los tres, tuvieron temor cuando entraron en la nube.
35Entonces de la nube salió una voz que decía: Este es Mi Ben, el Escogido. Óiganlo a él.
36Cuando cesó la voz, Yahshua se hallaba solo. Y ellos callaron y en aquellos días, no dijeron a nadie, nada de lo que habían visto.
37Una de las veces, cuando bajaban del monte, una gran multitud les salió al encuentro.
38Y un hombre de la multitud clamó diciendo: Rabí, te ruego que veas a mi ben, que es el único que tengo.
39Sucede que un ruaj se posesiona de él, y de repente grita y lo convulsiona con espumarajo; lo estropea y difícilmente se aparta de él.
40Yo les rogué a tus talmidím que lo echaran fuera, pero no pudieron.
41Yahshua respondió: Oh generación incrédula y perversa ¿Hasta cuándo y ustedes con estar que tendré soportarlos? Trae a tu ben acá.
42Y mientras aún se acercaba, el demonio lo derribó y lo convulsionó. Pero Yahshua sacó al ruaj inmundo y sanó al muchacho, y se lo entregó a su abba.
43Y todos se maravillaban de la grandeza que había puesto Yahweh Elohé en él y todos se maravillaban de todas las cosas que hacía, y les dijo a sus talmidím:
44Dejen que penetren en sus oídos estas palabras: que al Ben HaAdán lo van a entregar en manos de los goyim.
45Pero ellos no entendían esta declaración, pues les resultaba obscura, así que no la comprendían. Y temían preguntarle acerca de esa declaración.
46Una vez hubo una discusión entre los doce talmidím: cuál de ellos sería el más importante.
47Pero Yahshua, percibiendo los razonamientos de sus levavot, tomó a un niño y lo puso a su lado, d
