Lectura
Yashar 45
1Y los benei de Yishmael que habían comprado a Yosef de los midyanim, quienes lo habían comprado de sus ajaim, fueron a Mitzraim con Yosef, y ellos llegaron a la frontera de Mitzraim, y cuando se acercaron a Mitzraim, ellos se encontraron a cuatro hombres benei de Medan, el ben de Avraham, quienes habían salido de la tierra de Mitzraim en su viaje.
2Y los yismaelim les dijeron a ellos: ¿Desean ustedes comprar este esclavo de nosotros? Y ellos dijeron: Entrégalo a nosotros, y ellos entregaron a Yosef a ellos, y ellos lo miraron, y él era un hermoso joven, y ellos lo compraron por veinte shekalim.
3Y los yismaelim continuaron su viaje a Mitzraim, y los medanim dijeron uno al otro: He aquí que hemos oído que Potifar, un oficial de Parot, capitán de la guardia, busca un buen sirviente quien se pare delante de él para atenderlo, y para hacerlo supervisor de su bayit y todo lo perteneciente a él.
4Vengan, vamos a venderlo a él por lo que deseemos, si él es capaz de darnos a nosotros lo que pidamos por él.
5Y esos medanim fueron y llegaron a la bayit de Potifar, y dijeron a él: Hemos oído que tú buscas un buen sirviente para que te atienda, mira nosotros tenemos un sirviente que te agradará, si tú puedes darnos eso que deseamos, y lo venderemos a ti.
6Y Potifar dijo: Tráiganlo delante de mí, y yo lo veré, y si él me place yo les daré eso que ustedes requieran por él.
7Y los medanim fueron y trajeron a Yosef y lo pusieron delante de Potifar, y él lo vio, y él lo complació en extremo, y Potifar dijo a ellos: Díganme, ¿qué requieren ustedes por este joven?
8Y ellos dijeron: cuatrocientas piezas de plata deseamos por él, y Potifar les dijo: Yo lo compraré de ustedes si ustedes me traen el recibo de su compra por ustedes, y me dirán su historia, porque quizás él sea robado, porque este joven no es un esclavo, ni ben de esclavos, pero yo observo en él la apariencia de una buena y hermosa persona.
9Y los medanim fueron y trajeron a los yismaelim que les habían vendido a Yosef, y ellos le dijeron. Él es un esclavo y nosotros se lo vendimos a ellos.
10Y Potifar oyó las palabras de los yismaelim dando la plata a los medanim, y los medanim tomaron la plata y siguieron su camino, y los yismaelim también regresaron a bayit.
11Y Potifar tomó a Yosef y lo trajo a su bayit para que él le sirviera, y Yosef encontró favor a la vista de Potifar, y él puso su confianza sobre él, y lo hizo supervisor de su bayit, y todo lo que pertenecía a él, él lo entregó en sus manos.
12Y Yahweh estaba con Yosef y él se convirtió en un hombre próspero, y Yahweh bendijo la bayit de Potifar por ahavá a Yosef.
13Y Potifar dejó todo lo que él poseía en las manos de Yosef, y Yosef era el que supervisaba las cosas que entraban y salían, y todo estaba regulado por su deseo en la bayit de Potifar.
14Y Yosef tenía dieciocho años de edad, un joven con bellos ojos y hermosa apariencia, y como él no había en toda la tierra de Mitzraim.
15En ese tiempo mientras él estaba en la bayit de su adón, saliendo y entrando atendiendo a su adón, Zelicah la esposa de su adón, alzó sus ojos hacia Yosef y ella lo miró a él, y vió, que él era un joven hermoso y bien favorecido.
16Y ella codiciaba su belleza en su lev, y su alma estaba fijada sobre Yosef, y ella lo tentaba día tras día, y Zelicah persuadía a Yosef diariamente, pero Yosef no alzaba sus ojos para mirar a la esposa de su adón.
17Y Zelicah dijo a él: ¡Qué apuesta es tu apariencia y tu forma! En verdad yo he mirado a todos los esclavos, y no he visto un esclavo tan bello como lo eres tú; y Yosef dijo a ella: Ciertamente Él, quien me creó a mí en el vientre de mi íma, creó a toda la humanidad.
18Y ella le dijo: ¡Qué bellos son tus ojos, con los cuales has deslumbrado a todos los habitantes de Mitzraim, hombres y mujeres! Y él le dijo: Qué bellos son mientras estamos vivos, pero si los miras en la sepultura, seguro te volverás de ellos.
19Y ella dijo a él: ¡Qué bellas y placenteras son todas tus palabras! Toma ahora, el arpa que está en la bayit, y toca con tus manos y déjanos oír tus palabras.
20Y él le dijo a ella: ¡Qué bellas y placenteras son mis palabras cuando yo hablo la Hallel de mi Elohé Yahweh y Su Tíferet! Y ella dijo: ¡Qué bello es el cabello de tu cabeza! Mira el peine de oro que está en la bayit, tómalo por favor, y encrespa los cabellos de tu cabeza.
21Y él le dijo: ¿por cuánto tiempo hablarás estas palabras? Para de hablar esas palabras a mí. Levántate y atiende tus asuntos domésticos.
22Y ella dijo a él: No hay ni uno en la bayit y no hay nada que atender excepto sino tus palabras y tu deseo; aun no obstante esto, ella no pudo traer a Yosef hacia ella, ni él puso sus ojos sobre ella, sino que dirigió su mirada al suelo.
23Y Zelicah deseaba a Yosef en su lev, que él se acostara con ella, y en el tiempo que Yosef estaba sentado en la bayit haciendo su trabajo, Zelicah vino y se sentó delante de él, y ella lo tentaba diariamente con su discurso que se acostara con ella, o tan siquiera mirarla, pero Yosef no la escuchaba a ella.
24Y ella dijo: Si tú no haces de acuerdo a mis palabras, yo te castigaré con el castigo de muerte, y pondré un yugo de hierro sobre ti.
25Y Yosef dijo a ella: Ciertamente el Elohé Yahweh quien creó al hombre suelta los grilletes de los prisioneros, y es Él quién me liberará de tu prisión y de tu juicio.
26Y cuando ella no pudo prevalecer sobre él para persuadirlo, y su alma estando aún fijada en él, su deseo la lanzó a una enfermedad grave.
27Y todas las mujeres de Mitzraim vinieron a visitarla, y ellas le dijeron: ¿Por qué estás tú en este estado de decadencia? Tú, que no te falta nada; ciertamente tu esposo es un gran y estimado príncipe a la vista del melej, ¿te falta algo de lo que tu lev desea?
28Y Zelicah les respondió a ellas, diciendo: Este día será esto conocido por ustedes, de donde salta este desorden que me acaece en el cual ustedes me ven, y ella ordenó a sus sirvientas preparar comida para todas las mujeres, y ella hizo un banquete para ellas, y todas las mujeres comieron en la bayit de Zelicah.
29Y ella les dio cuchillos para pelar los limones para comérselos, y ella ordenó que vistieran a Yosef en atuendos costosos, y que él debía aparecer frente a ellas, y Yosef vino ante sus ojos y todas las mujeres miraron a Yosef, y no podían quitar sus ojos de él, y ellas todas se cortaron sus manos con los cuchillos que tenían en sus manos, y todos los limones que estaban en sus manos, estaban llenos de sangre.
30Y ellas no supieron lo que habían hecho, pero continuaron mirando la belleza de Yosef, y no volvieron sus pestañas de él.
31Y Zelicah vio lo que ellas habían hecho, y ella les dijo: ¿Qué es esta obra que ustedes han hecho? Miren, yo les di limones para comer y todas se han cortado las manos.
32Y todas las mujeres vieron sus manos, y he aquí que estaban llenas de sangre, y su sangre fluía hasta sus atuendos, y ellas le dijeron: Este esclavo en tu bayit nos ha sobrecogido, y no podíamos volver nuestras pestañas de él por causa de su belleza.
33Y ella les dijo: Seguramente esto sucedió a ustedes en el momento que lo miraron a él; y ustedes no se pudieron contener de él; ¿Cómo puedo yo abstenerme cuando él está constantemente en mi bayit, y yo lo veo día tras día entrando y saliendo de la bayit? ¿Cómo puedo mantenerme sin decaer o aun de perecer por cuenta de esto?
34Y ellas le dijeron: Las palabras son verdad, porque ¿quién puede ver esta bella forma en la bayit y abstenerse de él, y no es él tu esclavo y supervisor de tu bayit, y por qué no le dices eso que está en tu lev, y sufre tu alma de perecer en esta forma?
35Y ella les respondió: Yo todos los días intento persuadirlo, y él no consiente a mis deseos, y yo le he prometido todo lo que es bueno, y aun me encuentro con que nada regresa de él; y yo estoy, por lo tanto, en estado de decadencia, como pueden ver.
36Y Zelicah se puso muy enferma a causa de su deseo hacia Yosef, y ella estaba desesperadamente enferma de ahavá por causa de él, y toda la gente en la bayit de Zelicah y su esposo no sabían nada de este asunto, que Zelicah estaba enferma por causa de su ahavá por Yosef.
37Y toda la gente de su bayit le preguntaron, diciendo: ¿Por qué estás enferma y en decadencia, y no te falta nada? Y ella les dijo: Yo no sé de esta cosa que diariamente está aumentando sobre mí.
38Y todas las mujeres y sus amigas venían diariamente a verla, y ellas hablaron con ella, y ella les dijo: Esto sólo puede ser por mi ahavá a Yosef; y ellas le dijeron: Sedúcelo y agárralo secretamente, quizás él te escuche, y quite esta muerte de ti.
39Y Zelicah se empeoró por su ahavá a Yosef, y ella continuó decayendo, hasta tenía escasas fuerzas para pararse.
40Y en cierto día Yosef estaba haciendo el trabajo de su adón en la bayit, y Zelicah vino secretamente y cayó repentinamente sobre él, y Yosef se levantó contra ella, y él era más poderoso que ella, y él la trajo al suelo.
41Y Zelicah lloró por el deseo en su lev hacia él, y ella le suplicó con sollozos, y sus lágrimas fluían por sus cachetes, y ella habló con él en una voz de súplica y amargura de alma, diciendo:
42¿Has oído tú, o visto, o conocido mujer tan bella como soy yo, o mejor que yo, quien te habla diariamente, y ha caído en decadencia por ahavá a ti, que ha concedido todo su honor a ti, y aún tú no escuchas a mi voz?
43Y si es por temor a tu adón no sea que él te castigue, como vive el melej ningún daño vendrá sobre ti de tu adón a causa de esta cosa, ahora, por lo tanto, por favor, escúchame, y consiente por el honor que yo he concedido a ti, y quita esta muerte de mí, y ¿por qué he de morir por ahavá a ti? Y ella cesó de hablar.
44Y Yosef le respondió, diciendo: Abstente de mí, y deja este asunto a mi adón; he aquí que mi adón no sabe que es lo que hay conmigo en esta bayit, porque todo lo que pertenece a él, él lo ha entregado en mi mano, y ¿cómo voy a hacer esas cosas en la bayit de mi adón?
45Porque él también me ha honrado grandemente en esta bayit, y él me ha hecho supervisor de su bayit, y él me ha exaltado, no hay uno mayor en esta bayit que yo, y mi adón no ha retenido nada de mí, excepto a ti que eres su esposa, ¿cómo, pues, puedes tú hablar esas palabras a mí, y cómo puedo yo hacer este gran pecado a Yahweh Elohé y a tu esposo?
46Ahora, por lo tanto, abstente de mí, no hables más palabras como esas, porque no escucharé tus palabras. Pero Zelicah no quiso escuchar las palabras de Yosef cuando él habló esas palabras a ella, sino que ella lo seducía diariamente para que la escuchara.
47Y fue después de esto que el arroyo de Mitzraim creció sobre sus riberas, y todos los habitantes de Mitzraim salieron, y también el melej y príncipes salieron con cantos y danzas, porque era un gran regocijo en Mitzraim, y un día festivo en el tiempo de inundación del mar de Sijor, y ellos fueron allí para regocijarse todo el día.
48Y cuando los mitzrim fueron para regocijarse, como era la costumbre, toda la gente de la bayit de Parot fue con ellos, pero Zelicah no quiso ir con ellos, porque ella dijo: Estoy indispuesta; y ella permaneció sola en la bayit, y no había otra persona con ella en la bayit.
49Y ella se levantó y subió a su templo en la bayit, y se vistió en atuendos principescos, y ella puso sobre su cabeza piedras preciosas de ónice incrustadas de plata y oro, y ella embelleció su rostro y su piel con todo tipo de líquidos purificantes femeninos, y ella perfumó el templo y la bayit con canela e incienso y ella regó mirra y áloes, y después se sentó a la entrada del templo, y en el pasillo a la bayit, por el cual Yosef pasaba para hacer su trabajo, y he aquí que Yosef vino del campo, y entró a la bayit para hacer el trabajo de su adón.
50Y él llegó al lugar por el cual tenía que pasar, y él vio la obra de Zelicah, y él se volvió.
51Y Zelicah vio a Yosef volviéndose de ella, y ella lo llamó, diciendo: ¿Qué te sucede Yosef? Ven a trabajar, y he aquí que yo haré espacio para ti hasta que hayas pasado a tu asiento.
52Y Yosef regresó y entró en la bayit, pasó de ese lugar hasta el lugar de su asiento, y él se sentó para hacer el trabajo de su adón, como de costumbre, y he aquí que Zelicah vino a él y se paró delante de él en sus atuendos principescos, y la fragancia de su ropa fue difundida a la distancia.
53Y ella se apresuró y agarró a Yosef y sus vestiduras, y le dijo: Cómo vive el melej, si no haces mi petición tú morirás este día, y rápidamente ella extendió su otra mano y sacó una espada de debajo de sus atuendos, y la puso al cuello de Yosef, y ella dijo: Levántate y cumple con mi petición, y si no, tú mueres este día.
54Y Yosef estaba temeroso por ella hacer esto, y él se levantó para huir de ella, y ella agarró el frente de su vestidura, y en el terror de su huida la vestidura que Zelicah agarró se rasgó, y Yosef dejó la vestidura en las manos de Zelicah, y huyó y se fue, porque él estaba en temor.
55Y cuando Zelicah vio que la vestidura de Yosef estaba rasgada, y que él la había dejado en su mano y había huido, ella tuvo miedo por su vida, no fuera que el reporte referente a ella se difundiera, y ella se levantó y actuó con astucia, y se quitó los atuendos que tenía puestos, y se puso sus otros atuendos.
56Y ella tomó las vestiduras de Yosef y las puso a su lado, y ella fue y se sentó en el lugar donde se había sentado durante su enfermedad, antes de que la gente de la bayit saliera al río, y ella llamó a un muchacho que estaba en su bayit, y ella le ordenó llamar a la gente de la bayit a ella.
57Y cuando ella los vio, ella les dijo en voz alta de lamento: Miren qué ivri ha traído a la bayit, porque él vino hoy a acostarse conmigo.
58Porque cuando ustedes se habían ido él vino a la bayit, y viendo que no había ninguna persona en la bayit, él vino a mí, y me agarró, con intenciones de acostarse conmigo.
59Y agarré su vestidura y la rasgué y grité contra él en voz alta, y cuando yo alcé mi voz él tuvo miedo por su vida y él dejó su vestidura delante de mí, y huyó.
60Y la gente de su bayit no habló nada, pero su ira estaba muy rebullida contra Yosef, y ellos fueron a su adón y le dijeron las palabras de su esposa.
61Y Potifar regresó a bayit enfurecido, su esposa gritó a él, diciendo: ¿Qué es esta cosa que me has hecho trayéndome un sirviente ivri a la bayit?, porque él vino este día para retozar conmigo; así me hizo este día.
62Y Potifar oyó las palabras de su esposa, y ordenó que Yosef fuera castigado con azotes severos, y así lo hicieron.
63Y mientras ellos lo estaban azotando, Yosef clamó a gran voz, y alzó sus ojos al Shamaj, y dijo: ¡Oh, Yahweh Elohé! Tú sabes que yo soy inocente de todas esas cosas, y ¿por qué he de morir este día por falsedades, a la mano de esos incircuncisos hombres perversos, a quienes Tú conoces?
64Y mientras los hombres de Potifar estaban golpeando a Yosef, él continuó gritando y llorando, y había allí un niño de once meses de edad, y Yahweh abrió la boca del niño, y él habló estas palabras delante de los hombres de Potifar, quienes estaban golpeando a Yosef, diciendo:
65¿Qué quieren ustedes de este hombre, y por qué le hacen este mal? Mi íma habla falsamente y pronuncia mentiras; así fue la transacción.
66Y el niño les dijo con precisión todo lo que había sucedido, y todas las palabras de Zelicah a Yosef día tras día él les declaró a ellos.
67Y todos los hombres oyeron las palabras del niño y estuvieron grandemente pensativos a las palabras del niño, y el niño cesó de hablar y se puso inerte.
68Y Potifar estaba muy avergonzado a las palabras de su ben, y él les ordenó a sus hombres de no golpear más a Yosef, y los hombres cesaron de golpear a Yosef.
69Y Potifar tomó a Yosef y ordenó que fuera llevado a la justicia delante de los kohanim, que eran jueces pertenecientes al melej, para que lo juzgaran referente a este asunto.
70Y Potifar y Yosef vinieron delante de los kohanim que eran los jueces del melej, y él les dijo a ellos: Decidan, pido por favor, cuál juicio es debido a un sirviente, pues así ha hecho él.
71Y los jueces dijeron a Yosef; ¿Por qué hiciste esto a tu adón? Y Yosef les respondió, diciendo: No es así, mis adonim, así fue el asunto; y Potifar dijo a Yosef: En verdad yo te confié en tus manos todo lo que pertenecía a mí, y yo no retuve nada sino a mi esposa, y ¿cómo puedes haber hecho este mal?
72Y Yosef respondió, diciendo: No es así mi adón, como יהוהYahweh vive, y como tu alma vive, mi adón, la davar que oíste de tu esposa no es verdad, porque así fue el asunto este día.
73Un año me ha transcurrido desde que estoy en tu bayit; ¿has visto alguna iniquidad en mí, o cualquier cosa que te cause demandar mi vida?
74Y los kohanim dijeron a Potifar: Envía, por favor, y que ellos traigan la vestidura rasgada de Yosef, y déjanos ver el rasgón en ella, y si el rasgón está en el frente de la vestidura, entonces su rostro tiene que haber estado opuesto a ella, y ella lo debe haber agarrado a él, para que viniera a ella, y con engaño tu esposa hizo todo lo que ella ha hablado.
75Y ellos trajeron la vestidura de Yosef delante de los kohanim que eran jueces, y ellos vieron y he aquí que el rasgón estaba delante de Yosef, y todos los kohanim jueces supieron que ella lo presionó, y ellos dijeron: El juicio de muerte no es debido a este esclavo porque él no ha hecho nada, pero su juicio es que sea puesto en la bayit de prisión a causa del reporte, que por medio de él ha salido contra tu esposa.
76Y Potifar oyó sus palabras y lo puso en la bayit de prisión, el lugar donde los prisioneros del melej son recluidos, y Yosef estuvo en la bayit de reclusión doce años.
77Y a pesar de esto la esposa de su adón no se volvió de él, y no cesó de hablar con él día a día para que el escuchara sus palabras, y al término de tres meses Zelicah continuaba yendo a la bayit de reclusión día a día, Y ella lo seducía para que le escuchara, y Zelicah dijo a Yosef: ¿Por cuánto tiempo permanecerás en esta bayit? Pero escucha mis palabras y yo te sacaré de esta bayit.
78Y Yosef le respondió a ella, diciendo: Es mejor para mí permanecer en esta bayit que escuchar a tus palabras, pecar contra Yahweh Elohé; y ella le dijo: Si tú no haces mi deseo, yo sacaré tus ojos, añadiré grilletes a tus pies, y te entregaré a las manos de aquellos que no conociste antes.
79Y Yosef respondió a ella, y dijo: He aquí que el Elohé Yahweh de toda la tierra es capaz para liberarme de todo lo que tú me puedas hacer, porque Él abre los ojos de los ciegos, y suelta a aquellos que están atados, y preserva a todos los extranjeros que no están familiarizados con la tierra.
80Y cuando Zelicah no pudo persuadir a Yosef a escucharla a ella, ella dejó de ir a seducirlo; y Yosef estaba aún recluido en la bayit de reclusión. Y Yaakov y todos sus ajaim que estaban en la tierra de Kenaan aún lloraban y se enlutaban a causa de Yosef, porque Yaakov rehusó ser confortado por su ben Yosef, y Yaakov lloraba en voz alta, y sollozaba y se enlutaba en esos días.
