Mashafa KufaleCapítulo 10

Lectura

Mashafa Kufale 10

1En el tercer septenario de este jubileo comenzaron los demonios impuros a seducir a los nietos de Nóaj, haciéndolos enloquecer y perderse.

2Se llegaron los benei a su abba Nóaj, le hablaron de los demonios que seducían, extraviaban y mataban a sus nietos.

3Oró así Nóaj ante Yahweh, su Elohé: Elohé de los ruaj que están en toda carne, que tuviste Rajem de mí, me salvaste con mis benei de las aguas del diluvio sin permitir que pereciera, como ocurrió con los benei de perdición. Grande es tu Compasión por mí y Magnífica Tu Rajem sobre mi persona; llévese Tu Compasión sobre tus benei, no tengan potestad sobre ellos los malos ruajím, para que no los extirpen de la tierra.

4Tú me has bendecido a mí y a mis benei, para que crezcamos, nos multipliquemos y llenemos la tierra;

5Tú sabes cómo obraron en mis yamim Tus custodios, padres de estos ruajím. A estos ruajím que están ahora en vida enciérralos también y sujétalos en lugar de espera al Juicio; no destruyan a los benei de tu siervo, Elohé mío, pues son perversos y para destruir fueron creados;

6no tengan poder sobre el ruaj de los vivos, pues sólo Tú conoces su sentencia, y no tengan licencia contra los benei de los tzadikím, desde ahora para siempre.

7Entonces, Yahweh nuestro Elohé, nos ordenó apresar a todos.

8Pero llegó mastema, líder de los ruajím, y dijo: Yahweh Creador, déjame algunos de ellos que me obedezcan y hagan cuanto les mande, pues si no me quedan algunos de ellos no podré ejercer la autoridad que quiera en los benei de los hombres, pues dignos son de destrucción y ruina, a mi arbitrio, ya que es grande su maldad.

9Ordenó Elohé, entonces que quedara con mastema una décima parte, y que las otras nueve descendieran al lugar de espera al Juicio, llamado el Tártaro.

10A uno de nosotros, dijo que enseñáremos a Nóaj toda su medicina, pues sabía que no se conducirían rectamente ni procurarían justicia. መጽሐፈ ኩፋሌ Mashafa Kufale Jubileos 507

11Obramos según Su Davar; a todos los malos que hacían daño, los encarcelamos en el lugar de espera al Juicio, pero dejamos a una décima parte para que sirvieran a hasatán sobre la tierra.

12Y comunicamos a Nóaj los remedios de las enfermedades, juntamente con sus engaños, para que curase con las plantas de la tierra.

13Nóaj escribió todo como se lo enseñamos en un Sefer, con todas las clases de medicina, y los malos ruajím quedaron sin acceso a los benei de Nóaj.

14Este dio todo lo que había escrito a su ben mayor, Shem, pues lo amaba más que a todos sus benei. Muerte de Nóaj

15Nóaj se durmió con sus padres y fue sepultado en el monte Lubar, en tierra de Ararat.

16Había cumplido en su vida novecientos cincuenta años, es decir, diecinueve Jubileos.

17Excedió en vida sobre la tierra, a causa de la plenitud de su justicia, a todos los benei de los hombres, salvo Janokj, pues su cometido es dar testimonio a las generaciones del olam para relatar todas las acciones de cada generación hasta el Yom del Juicio. La Torre de Bavel

18En el primer año del segundo septenario del jubileo trigésimo tercero, Péleg tomó una varona, llamada Lebana, bat de Shinar. Esta le parió un ben, en el año cuarto de este jubileo, al que puso de nombre Reu, pues se dijo: «Los benei de los hombres han sido malos: Han concebido el perverso pensamiento de construirse una ciudad y una torre en la tierra de Shinar».

19En efecto, habían emigrado de la tierra de Ararat a oriente, a Shinar, y por aquel tiempo construyeron la ciudad y la torre, mientras decían: «Subamos por ella a los shamaim».

20Comenzaron a construir y en el cuarto septenario, cocían al fuego ladrillos que luego utilizaban como piedras. El cemento con que las unían era asfalto que brotaba del mar y de unos pozos de agua en la tierra de Shinar.

21Los constructores tardaron unos cuarenta y tres años: La altura fue de quinientos cincuenta y cinco codos y dos palmos; la anchura, unos doscientos tres ladrillos, cada uno de una altura de un tercio de sí propio, la extensión de un muro, trece estadios, y la del otro, treinta.

22y nos dijo Yahweh, nuestro Elohé: He aquí que son un solo pueblo y han comenzado a trabajar a una, y ya no cesarán. Bajemos y confundamos sus lenguas, que no se entiendan unos a otros, y se dispersen por ciudades y naciones, de manera que no tengan plan común hasta el Yom del Juicio.

23Descendió Yahweh y nosotros con él, a ver la ciudad y la torre que habían construido los benei de los hombres.

24Mezcló todas las voces de su lengua, no entendiéndose ya unos con otros y dejando la construcción de la ciudad y la torre.

25Por eso se llamó Bavel toda la tierra de Shinar, pues allí confundió Yahweh todas las lenguas de los benei de los hombres, y desde allí se dispersaron por todas sus ciudades, según sus lenguas y naciones.

26Yahweh envió un gran viento a la torre, que la tiró por tierra; su emplazamiento estaba entre Asur y Babel, en el país de Shinar, al que dio el nombre de «ruina». Los Kenaanim

27En el cuarto septenario, en el primer año, a su comienzo, en el jubileo trigésimo cuarto, se dispersaron desde el país de Shinar.

28Jam y sus benei se fueron a la tierra que tenían asignada, que les había tocado como lote la tierra del sur.

29Vio Kenaan que la tierra desde el Levanón hasta la desembocadura del Nilo era muy buena y no se fue a la tierra de su heredad, al occidente del mar, sino que permaneció en la franja costera al mar limitado por el Levanón al oriente y al occidente por el Yarden.

30Le dijeron Jam, su abba y sus ajaim, Kush y Mitzraim: ¿Te quedas en una tierra que no es tuya, que no nos salió en suerte? No hagas tal, pues si lo haces tú y tus benei caeréis por tierra, seréis malditos por esta sedición. Por medio de una sedición os quedasteis, y en una sedición caerán tus benei; serás desarraigado por siempre.

31No te quedes en la morada de Shem, pues a él y a sus benei les tocó en suerte.

32Maldito eres y serás entre todos los benei de Nóaj por la maldición que establecimos con juramento ante el Juez Kadosh y ante Nóaj, nuestro abba.

33Pero no los escuchó y se quedaron en la tierra del Levanón, desde Emat hasta la entrada a Mitzraim, él y sus benei hasta este yom.

34Por eso se llamó esa tierra Kenaan.

35En cambio, Yéfet y sus benei fueron hacia occidente y moraron en la tierra de su lote. Y vio Maday la tierra del mar y no le agradó. Tras rogar a Elam, Ashur y Arpakshad, ajaim de su varona, se quedó en la tierra de los madaim, cerca de sus cuñados, hasta este yom. Llamó a su residencia y a la de sus benei Maday, por el nombre de Maday abba de éstos. Nueva corrupción del género humano